El sábado pasado tuvo lugar uno de esos momentos especiales en la vida. Dos grandes amigos (porque ya no se distinguir) celebraron su boda y nosotros la disfrutamos.
El viernes les hicimos la entrega del regalo, que acorde con la imaginación del amigo Roncho, se compuso de más de 6000 pipas dentro de una caja y en tan sólo veinte de ellas un "mágico" número de cuenta. Sus caras merecieron la pena, aunque a Merche, gracioso, gracioso no le pareció.
Rubén estaba realmente nervioso, para Merche la cara era el espejo del alma (si fuera yo el que me casara con el "tipo" ese hubiera huído). Les dije lo afortunado que me sentía por estar diciendo las primeras palabras de "su día", recordé como los conocí a ambos y les miré a los ojos para desearles suerte.
Después la cena, el vídeo y la fiesta. Prometo haber pedido 12 gin-tonic, aunque mi amigo Jesús y mi señora digan que si "es imposible", "habrías muerto", "no digas tonterías". El caso es que los pedí, y mi recuerdo, que los tomé.
Fue una gran tarde y una gran noche. Y a riesgo de repetirme "el cariño no cabe en un par de frases, así que Amigos, SUERTE Y QUE OS VAYA BONITO".
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